Análisis Bibliográfico

Autores: Dra. Nancy Boada y Dr. Roberto Keklikián 

INTRODUCCION

Fuentes de información

En el volumen 2 de Clínicas Perinatológicas Argentinas describimos las distintas fuentes de información (primarias y secundarias) y remarcamos el carácter provisional del conocimiento científico.

El análisis bibliográfico es un tema extenso y complejo. En este capítulo describiremos, someramente y orientándonos hacia la práctica, los principales aspectos a valorar en una fuente de información original.

Sistemática

El conocimiento científico es sistemático. Por ende, todo análisis con actitud científica debe utilizar un sistema.

Cuando analizamos una publicación, debemos considerar tanto su origen como su contenido. Para estudiar a ambos resulta útil aplicar el sistema de las preguntas sucesivas: ¿qué?, ¿quién?, ¿cómo?, ¿cuándo? y ¿dónde?, y reflexionar sobre las respuestas que hemos obtenido  (Figura Nº 4.1).  

ORIGEN DE LA PUBLICACION

Sus autores

¿Quién ha desarrollado y publicado la investigación?.

Habitualmente podemos encontrar en las publicaciones un resumen de los antecedentes curriculares de los autores, que nos permitirá valorarlos.

Si bien es muy importante, esta valoración no debe ser excluyente. Podemos tomar como ejemplo a Roberto Koch. Koch era un soñador que deseaba ser expedicionario o aventurero. Sus padres lo obligaron a estudiar medicina. Ya recibido, ganaba su sustento como médico rural. El día que cumplió 28 años, su esposa le regaló un microscopio. Preocupado por saber de qué morían los animales de sus pacientes, comenzó a “explorar” utilizando el microscopio y sentó las bases de la infectología que hoy conocemos. Cuando comunicó sus primeros hallazgos, escandalizó a los científicos de su época que no alcanzaban a comprender cómo un simple médico de pueblo había logrado semejantes descubrimientos.

La valoración debe ser realizada considerando varios parámetros (que veremos a continuación), para evitar rechazar observaciones de alguien desconocido pero valioso, y para evitar aceptar falsedades por el solo efecto de la “autoridad” de quien escribe (ver Clínicas Perinatológicas Argentinas volumen 1).

La revista

¿En qué revista se ha publicado?.

Las distintas revistas científicas tienen diversos niveles de exigencia para seleccionar qué se publica. Un trabajo que fue aceptado por publicaciones internacionales prestigiosas (Ej. Science, The Lancet, etc.) seguramente ha sido evaluado por un comité de expertos.

Esta garantía tampoco es absoluta. Hasta los expertos pueden equivocarse. Como ejemplo, podemos recordar las publicaciones sobre los usos terapéuticos en embarazadas del dietilestilbestrol y el posterior descubrimiento de sus efectos nocivos en recién nacidos de sexo femenino.

El centro de investigación

¿Cómo y dónde se realizó el estudio?.

Con similares consideraciones que los anteriores, es posible analizar si el desarrollo científico y la complejidad del centro donde se realizó la investigación son coherentes con la misma. Es poco probable que una investigación excesivamente sofisticada pueda ser desarrollada correctamente en un centro que carece de equipamiento elemental o de personal capacitado.

No obstante, y afortunadamente, tecnología no es sinónimo de metodología. Con muy escasos recursos pueden desarrollarse algunas importantes investigaciones si se posee suficiente creatividad y se aplica una metodología apropiada.

La antigüedad de la publicación

¿Cuándo fue publicado?.

El conocimiento crece constantemente y ya vimos que tiene carácter provisional. Si la publicación que analizamos no es reciente, debemos considerar la posibilidad que hallazgos posteriores a la misma la hayan refutado o debilitado su valor.

Es conveniente trabajar con publicaciones de no más de cinco años de antigüedad. Este lapso es menor para algunos investigadores y se acorta constantemente dado el acelerado avance del conocimiento y los progresos en las comunicaciones que hemos descripto en el volumen 2.

El contenido

El objeto de la investigación

¿Qué se pretende demostrar?.

Lo primero que debemos identificar al iniciar la lectura de un trabajo es el objetivo del mismo. No se investigan “temas” sino “problemas”. Las investigaciones pertinentes surgen a partir del reconocimiento de problemas para los que no se halló respuesta en una búsqueda bibliográfica, o cuando la experiencia de los autores es contradictoria con el conocimiento científico aceptado. Se elabora una hipótesis y se intenta demostrarla utilizando metodología científica.

La conexidad entre los objetivos, el material y método, los resultados y las conclusiones puede ser verificada por cualquier lector utilizando la lógica formal.

Existen trabajos donde resulta evidente que los objetivos nada tienen que ver con los resultados ni con las conclusiones.

Si nuestro objetivo fuese demostrar los beneficios de la administración de un medicamento y nuestra conclusión fuese que resulta importante la educación continua del equipo de salud perinatal, el trabajo carecerá de conexidad aún cuando todo lo que hayamos afirmado sea cierto. El trabajo no debió haberse desviado del objetivo establecido y la conclusión debería mantener correspondencia con el mismo (aceptando o negando los beneficios, o planteando la imposibilidad de obtener conclusiones).

Se suele decir que un objetivo es inteligente (“smart”) cuando es específico, mensurable, accesible, relevante y factible (ver figura Nº 4.2).

 

Figura Nº 4.2.  Cualidades de un objetivo inteligente

 

                                  Specific

                                  Measurable

                                  Attainable

                                  Relevant

                                  Trackable.

La población en estudio 

¿A quién se ha estudiado?.

Debe evaluarse cuál es la población en estudio. El trabajo puede abarcar a toda la población o tomar una muestra a partir de la cual se pretende obtener conclusiones aplicables a toda la población.

Si se trata de una muestra, es importante que sea representativa de la población (figura Nº 4.3) y su tamaño, adecuado. El tamaño de una muestra representativa se relaciona con el tamaño de la población a la que pertenece. No puede tener el mismo tamaño una muestra de embarazadas hipertensas que una muestra de embarazadas lúpicas (la muestra de embarazadas lúpicas requiere menor tamaño porque la población de embarazadas lúpicas es mucho menor que la de hipertensas).

En la figura Nº 4.3, la población está compuesta por 30 cuadrados verdes, 6 cuadrados negros y 6 círculos negros. Podemos observar que la muestra A no es representativa de la población (ver Clínicas Perinatológicas Argentinas, volumen 1, página 128: "inducción"). La muestra B, de mayor tamaño, resultó representativa.

 

Figura Nº 4.3.  Población y muestras

 

 

                  MUESTRA A  nln         

          

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     nnnlnnnnnl

 

nnnnnnnnnnnnnl

 

     nnnnlnn        MUESTRA B 

 

 

Debemos conocer qué criterios de inclusión y exclusión en la población en estudio se han empleado y valorar si los mismos son correctos. Por ejemplo, si deseamos estudiar si existe relación entre la administración de ocitocina y el score de Apgar comparando un grupo de embarazadas que la recibió con otro que no la recibió, el criterio de inclusión será “embarazadas pertenecientes a una determinada población en una cierta época”. Los criterios de exclusión son evidentes en este ejemplo, por ejemplo “sufrimiento fetal agudo” previo a la decisión de administrar o no la ocitocina (en caso de sufrimiento fetal agudo jamás se indica ocitocina y el score de Apgar suelen ser más bajo).

La definición de aquellos términos que admiten varias interpretaciones debe explicitarse en el estudio con la mayor precisión posible. Si estudiamos los resultados perinatales en madres adolescentes, deberemos definir entre qué edades consideramos “adolescente” a una mujer. Sin esta definición, nuestro estudio no podría ser comparado con otros estudios similares.

Cuando se comparan dos grupos, existen factores de confusión que pueden incidir en los resultados. Por ejemplo, en un estudio que analizaba factores de riesgo para la prematurez se observó que las “madres sin pareja estable” tenían la mitad del riesgo que la población general. La ausencia del padre no es un factor beneficioso sino todo lo contrario. El riesgo disminuía porque estas pacientes eran más jóvenes que la población general y este factor de confusión alteraba los resultados. Al utilizar la metodología correcta y comparar a las madres sin pareja estable con una población de edad similar se demostró que el riesgo de prematurez era mayor en las primeras.  

Metodología aplicada

Debemos evaluar si el trabajo es descriptivo o compara dos o más muestras o poblaciones.

La figura Nº 4.4 muestra distintas distribuciones y comparaciones posibles en un estudio. La prueba estadística que corresponde aplicar varía según el caso.

Cuando se comparan poblaciones con distribución normal (curva de Gauss) pueden utilizarse para la comparación de valores individuales la prueba t de Student y el análisis de la varianza. En la comparación de datos agrupados pueden utilizarse la diferencia entre medias, la diferencia entre porcentajes y la prueba de chi cuadrado. Cuando se estudia la dependencia entre datos (por ejemplo, la relación entre las mediciones ecográficas fetales y el peso al nacer) se recurre a las pruebas de correlación y regresión.

El lugar del estudio

No todos los lugares ni todas las poblaciones son iguales. Las características geográficas pueden incidir (ej. un estudio sobre oxigenación realizado en el altiplano o a nivel del mar). La poblaciones radicadas en distintos sitios difieren en su constitución, hábitos, nivel socioeconómico, etc. Debido a estos factores, las conclusiones de un estudio no siempre son aplicables en poblaciones distintas a la estudiada. Como ejemplo, podemos recordar que, si bien el Estreptococo hemolítico es el agente etiológico más frecuente de la corioamnionitis en la rotura prematura de membranas, en algunas maternidades se identificó una mayor incidencia de Escherichia coli.  

El período estudiado

Los estudios pueden ser prospectivos o retrospectivos. Siempre debe considerarse este factor, junto con la duración del período que abarcan y la época en que fueron realizados.

Existen factores estacionales que inciden en las patologías; por ejemplo, el síndrome gripal es más frecuente en invierno que en verano, las diarreas estivales deben su nombre a la estación en la que más frecuentemente se producen.

Otros factores varían constantemente en la población. Las encuestas de opinión pública son un buen ejemplo de esta variación y de la multiplicidad de factores que la determinan.  

La lectura

Tipos de lectura

De acuerdo con los objetivos del lector existen distintos tipos de lectura:

a) la lectura recreativa que se realiza con ánimo de distracción (ej. leer una novela),

b) la lectura informativa que busca un dato de interés para el lector (ej. consultar un diccionario),

c) la lectura de estudio que busca obtener conocimientos (ej. estudiar una materia),

d) la lectura investigativa que implica poseer conocimientos previos del tema que se investigará (ej. búsqueda bibliográfica).

Técnica de lectura

La lectura investigativa debe realizarse con sentido crítico, buscando la comprensión de lo que se lee (y reflexionando sobre los qué, quién, cómo, dónde y cuándo ya explicados), con la concentración y la velocidad adecuadas (estas dos últimas mejoran progresivamente con el entrenamiento en la lectura).

En “El arte de amar”, Erich Fromm dice:

“El que la concentración es una condición indispensable para el dominio de un arte, no necesita demostración... Nuestra cultura lleva a una forma de vida difusa y desconcentrada que casi no registra paralelos. Se hacen muchas cosas a la vez: se lee, se escucha la radio, se fuma, se come, se bebe. Somos consumidores con la boca siempre abierta, ansiosos y dispuestos a tragarlo todo... Si aspiramos a resultados rápidos nunca aprenderemos un arte... Pero, al igual que en tantos otros aspectos, los valores humanos están determinados por los valores económicos. Lo que es bueno para las máquinas debe serlo para el hombre -así dice la lógica-. El hombre moderno piensa que pierde algo -tiempo- cuando no actúa con rapidez; sin embargo no sabe qué hacer con el tiempo que gana, salvo matarlo”.

Nuestra capacidad de concentración y nuestro rendimiento óptimo no son constantes en el tiempo. La figura Nº 4.5 nos muestra similitudes con el deporte: la máxima concentración se obtiene luego de un período de "precalentamiento". Los períodos de máximo rendimiento oscilan entre 30 y 40 minutos, luego de los cuales aparece la fatiga. Los descansos breves (pocos minutos) permiten volver rápidamente a la máxima concentración. Los descansos prolongados requieren de un nuevo "precalentamiento" para igual fin.

Una buena técnica para aumentar nuestro aprendizaje es el repaso. La segunda lectura de un texto requiere de un mínimo esfuerzo en relación con la primera y proporciona significativos beneficios.

En la figura Nº 4.6 la curva de Ebbinghaus nos muestra la utilidad de este pequeño esfuerzo adicional: la retención de conocimientos aumenta al doble.

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